Entré. No habían muchas personas pero estaba fuerte el aire acondicionado. Rodeaba los estantes de vidrio, como si en verdad me importara un carajo lo que había detrás de ellos.Las apariencias lo son todo, pero la clave está en el comportamiento; me atrasaba unos segundos para no empezar una conversación.
Se acercó una señorita buscando mi rescate con frases pre-determinadas,”En que le puedo ayudar caballero?” Ya me lo esperaba, para qué les miento, pero tenía cierta gentileza en su sonrisa y pretendí que esas frases eran genuinas y que eran la primera vez que las usaba con un cliente. Vale.
Cambié mi cara de imbécil por una más seria y le pregunté, ¿No tienen una fragancia que huela a la eternidad? Me miró con cara de loco y perdió su encanto al tratar de descifrar la idiotez que decía y si en verdad hablaba en serio o no.
Ah, cómo me encantan las Duty Free…